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dijous, 25 d’octubre de 2012

Pablo Palazuelo (JLB)



“No hablemos de mi obra, hablemos de ideas” Pablo Palazuelo


Pablo Palazuelo, artista madrileño, nace el 6 de Octubre de 1917 y fallece el 3 de Octubre de 2007. Pintor, grabador, arquitecto y escultor, fue galardonado con la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1982 y Premio Velázquez del Ministerio de Cultura español en 2004.

Hablar de la obra de Pablo Palazuelo es hablar de proceso y de reflexión, de indagar en los mecanismos en los cuales las formas se articulan y se constituyen. Son transformación de un código de órdenes preexistente que se relaciona con un conocimiento profundo de la interiorización de dichas leyes, de un saber por experiencia, de cómo funcionan. Estas formas geométricas a las que se refiere son portadoras de dinamismos o energías con poder de expansión, con poder de gene­ración de otras formas infinitas y fértiles.


De la rigidez y la frialdad que pudieran transmitir las obras más estrictamen­te geométricas, Palazuelo asombra con una obra vinculada a la naturaleza, a la pulsión de la forma en su movimiento, a un reflexionar y un pensar que desemboca en unas construcciones basadas en estructuras trans-geométricas y proporciones matemáticas. Sus pinturas nos acercan hacia una percepción espacial, topogra­fías, fragmentos geológicos, paisajes lunares o sinuosas formas orgánicas a veces incluso cercanas a la psicodelia. El desarrollo de la abstracción y el uso de la geometría en su obra están íntimamente ligados a un proceso racional pre-formativo basado en el descubrimiento (no invención) de nuevas formas. Este descubrimiento constante que guía su trabajo se traduce en una tensión manifestada a través de las variaciones interminables de las formas.

“La imagen dibujada es un conjunto autónomo de signos con una dinámica interna propia, regida por una coherencia global y significante. La obra dibujada y así estructurada es un organismo, una configuración viviente puesto que contiene en potencia la capacidad de admitir una intervención exterior.” P.P

“Mi intención es penetrar profundamente los, para mí, secretos de la formación y la forma. Puedo añadir que a tal fin manipulo a mi manera lo que se puede llamar un código de órdenes preexistente. No basta sólo con decir que se trata de leyes de la naturaleza por la que uno se guía o que asimila uno transcribiéndolas. Se requiere, ante todo, un conocimiento en profundidad, una interiorización de dichas leyes, un saber por experiencia cuáles son, qué son, cómo funcionan. De lo contrario, habrá frustración. Yo diría que esas cosas se poseen sin poseerlas; son ellas, más bien, las que nos poseen.” P.P

Es inevitable relacionar sus reflexiones y concepciones con los pensamientos de Paul Klee, de quien, de este último, reconoce que le causó una gran impresión, quizás la emoción más fuerte que “había sentido desde que empezara a pintar”. Le intrigaba su interés por la geometría, su percepción de las manifestacio­nes de la geometría en la naturaleza hecha poesía; “líneas y colores que sueñan…” Es su relación con la energía en la naturaleza lo que más atrae de la obra de Klee. Sus paisajes, sus fantásticas ciudades y las ruinas, sus líneas, colores; todo se encuentra en un estado de máxima atención hacia la intensidad y la energía.

“La marcha hacia la forma, cuyo itinerario debe estar dictado por alguna nece­sidad interior o exterior, prevalece sobre la meta terminal, sobre el fin del trayecto. La progresión determina el carácter de la obra consumada. La formación determina la forma. En ninguna parte jamás la forma es re­sultado adquirido, terminación, conclusión. Es preciso considerarla como génesis, como movimiento. Su ser es el devenir y la forma como aparien­cia no es más que una maligna aparición, un peligroso fantasma.” Paul Klee

De la misma manera que expone Klee, Palazuelo se interesa por el proceso formante, por aquello que rige la función formante, haciendo visibles los aspectos sucesivos de la forma durante estos procesos de formación y transformación según su coherente necesidad interna. Es decir, trata de presentar modelos de los fenómenos metamórficos; la partícula trans- es bastante expresiva cuando intenta dar una imagen verbal de aquel conjunto de fenómenos.


 “Trato de plasmar imágenes que no sólo sean representación, sino manifestación de esos principios subyacentes que son la naturaleza. Yo no quiero representar, sino manifestar o, al menos, colaborar en el acto de la aparición” P.P

Palazuelo no inventa formas, sino que, como hemos visto, tras un intenso proceso de investigación, descubre las ya existentes, las relaciona y da lugar a nuevas concepciones espaciales. Las trans-geometrías se muestran como algo viviente, como si fueran organismos propios, donde el espectador pudiera completar la obra en el propio acto de la percepción. De este modo el que la contempla se situaría en un estado equivalente al del artista en cada uno de los instantes de la visión. Aquel que observa la obra, la complementa. Sería un proceso de culminación de la obra que no acaba en el trabajo del artista, sino en la re-interpretación posterior y en las capacidades sensibles del espectador para entablar comunión con la obra.




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